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25 de marzo de 2010

Afro Samurai, la venganza es un plato que se fuma con crack




Curioso lo de este producto denominado Afro Samurai. Curioso porque nace en Japón pero con la idea de ser explotado inicialmente en Estados Unidos ( amparado por el mismísimo Samuel L. Jackson que figura como productor ejecutivo y además pone la voz a Afro) y curioso porque explota de manera deliberada las conexiones propias entre el cine de género de samurais con el western mediante el protagonismo de un héroe afroamericano en un futurista japón feudal. Interesante.

El responsable de esta curiosidad es el estudio Gonzo, culpable también de otras interesantes series (o miniseries) como Hellsing, Black Cat o especialmente Samurai 7, una atractiva adaptación en clave mecha del clásico Los siete samurai del maestro Kurosawa.



Afro Samurai se agarra a uno de los argumentos universales de la historia del cine (véase La semilla inmortal, libro de J. Balló y Xavier Pérez), la venganza, y se mueve en terrenos posmodernos, al igual que Tarantino en su Kill Bill (2003). Esto, sin olvidar la obligada referencia de un argumento muy cercano al western clásico y crepuscular, como hemos visto en La diligencia (1939), de John Ford , El hombre de Laramie (1955), de Anthony Mann (sobre un hombre que busca a toda costa a aquel traficante que vendió armas a los indios provocando la muerte de su hermano) o Nevada Smith (1966), de Henry Hathaway (el personaje interpretado por Steve McQueen viaja en busca de los asesinos de sus padres) y por supuesto al cine de género japonés, Samurai Assasin (1965), de Kihachi Okamoto, Sanjuro (1962), de Akira Kurosawa o Zatoichi (2003), de Takeshi Takano.


Una de las señas de identidad más características de la animación japonesa y del manga en general es la enfermiza obsesión por la tecnificación, por armonizar lo viejo con lo nuevo, lo cibernético con lo tradicional. Es el caso de Afro Samurai, donde circulan esperpénticos personajes como monjes cargados con bazookas, androides ninja o cyborgs vengativos. Propuestas desde luego arriesgadas, que pueden llegar a ser poco digeribles por el espectador occidental, pero que sin duda acentúan el carácter posmoderno de este extraño e interesante pastiche pop formalmente vinculado a la cultura blackxploitation que ya creó un precedente en Black Samurai (1977), de Al Adamson.


La mini serie se compone únicamente de cinco episodios de 22 minutos cada uno. De esta forma, Afro Samurai se disfruta con rapidez, puesto que si algo no se le puede echar en cara es que va directamente al grano. Mediante una sencilla narración que articula el presente con el pasado (en forma de flash-backs), se nos cuenta la historia de este obsesivo samurai, aficionado a la limonada y fumador de crack que no duda ( ¿o sí?) en hacer rodar todas la cabezas que sean necesarias, eso sí, a ritmo de funk.

El samurai en la animación:

Magic Boy, el pequeño samurai ( 1959), de Akira Daikuhara
Los gatos samurai (1991), de Shuki Levin y Haim Saban
El guerrero samurai (1996), de Kazuhiro Furuhashi y Kaeko Sakamoto
Samurai Jack(2001), de Genndy Tartakovsky
Samurai Deeper Kyo (2002), de Junji Nishimura
Samurai Champloo (2004), de Shinichirô Watanabe
Samurai 7 (2004), de Futoshi Higashide
Gisaku (2005), de Baltasar Pedrosa
El samurai sin nombre (2007), de Masahiro Andô

Artículo de David Boscá

24 de marzo de 2010

La vida en Roma




Recuerdo que en la universidad empecé a ver las promos de esta serie tan interesante. Durante dos o tres semanas la seguí fielmente hasta que por razones que desconozco me desenganché, la olvidé, y ahora ha reaparecido en mi vida. El motivo principal es que me declaro un auténtico seguidor y admirador de la cadena privada HBO, hasta tal punto que intento ver todo lo que hacen. En cuanto a series se refiere es un faro que nos ilumina en el mar de los seriales televisivos, nos muestra el buen puerto donde encontramos calidad, seriedad, estilo y vigor. Ni que decir tiene que son responsables de series como Tales From The Crypt, Six Feet Under, Carnivale, Band Of Bothers, Generation Kill y muchísimas más. Y como era de esperar Roma llegó a mis manos para ser vista y paladeada lentamente.

La serie de Roma se centra en el cambio de la República al Imperio, transición que tiene lugar con la muerte de Cayo Julio César y posesión del título de César por Octavio, más conocido como César Octavio Augusto. Tales acontecimientos están contados a través de dos personajes Tito Pullo (Ray Stevenson) y Lucio Voreno (Kevin McKidd), dos legionarios de la XIII legión. Estos dos soldados, los auténticos protagonistas de la serie, nos llevan de la mano para protagonizar, o intervenir, en los grandes acontecimientos que cambiaron la historia.



La serie, coproducida con la BBC, la HBO y la RAI, con un presupuesto de cien millones de dólares, fue rodada en Italia, en los antiguos estudios de la Cinecittà, donde los decorados del cine Peplum seguían guardados. Este trabajo en conjunto le dio a la serie la calidad y el respeto que era de esperar. Las historias, o la Historia, que en ella aparecen enganchan por varios motivos. El espectador ve la vida en Roma a través de Pullo, legionario que intenta adaptarse a la vida social después de estar ocho años en el campo de batalla, y Voreno, casado y con una mujer y unas hijas que le creían muerto. Los protagonistas, sin desearlo, se ven envueltos en tramas de política, celos, asesinatos, conspiraciones, guerras, sabotajes, mafias, etc. Y es a través del género de aventura como se nos muestra la vida en Roma, la importancia del nivel social, de la muerte y de la política, sobre todo de ésta, porque el pueblo al fin y al cabo no tenía poder de decisión, pero sí de opinión, la cual debía ganarse con guerras, casamientos y asesinatos.


No obstante, y tanto el lector como el espectador han que quedar avisados, las licencias historias que se toman los guionistas son muy grandes. Es cierto que los hechos, como la muerte de Julio César, el ascenso de Octavio Augusto o la muerte de Cleopatra, están basados en la realidad, sin embargo, los protagonistas son dos personajes, dos nombres, que se mencionan en el libro de Guerra de las Galias escrito por Julio César, concretamente dos centuriones de la IX legión. No se sabe nada más, ni si estuvieron casados, ni si volvieron a luchar juntos, nada. Con respecto a los otros personajes de la trama, como Atia, Servilia, Pompeyo, Bruto, Marco Antonio, Catón, etc... se toman unas licencias dramáticas en las que obvian detalles y personajes relativos a estos; todo por construir una trama fuerte y cerrada. Por lo tanto es importante que el espectador sepa de todo momento que el guión está lleno de licencias.


A pesar de ello (a algunos nos hubiera gustado que se ciñeran a la realidad) Roma está perfectamente ambientada, rodada, fotografiada e interpretada. Esto la convierte en un producto televisivo de calidad, contado únicamente en dos temporadas, haciendo que sea conciso, directo y no pierda ni un ápice de intensidad en todos sus aspectos.

Está claro lo que significan las series de la HBO ¿o es que hace falta algo más?

Otros referentes sobre la Antigua Roma:

Quo Vadis? (1951, Mervyn LeRoy)
Julius Caesar (1953, Joseph L. Mankiewicz)
Ben-Hur (1959, William Wyler)
Spartacus (1960, Stanley Kubrick)
Cleopatra (1963, Joseph L. Mankiewicz)
The Fall Of The Roman Empire (1964, Anthony Mann)
I, Claudius TV(1975, Herbert Wise)
Augustus TV (2003, Robert Young)

Artículo de Rubén S. Ferrer

11 de febrero de 2010

¿Sueñan los cylones con ovejas eléctricas?




Battlestar Galactica (2003) escrita por Ronald D. Moore, y con un reparto coral encabezado por Edward James Olmos (Blade Runner), es la ciencia-ficción más adulta que ha surgido alguna vez de la televisión.

Para situarnos en antecedentes, Battlestar Galactica fue primero una simpática serie de televisión creada por Glen A. Larson en 1978. Constaba de una única temporada repleta de aventuras espaciales, y de la que surgió un horrendo sub-producto que pretendía ser una segunda temporada titulada Galactica 1980 pero que no tuvo nada que ver con el espíritu del original, y que tanto los involucrados como los seguidores tacharon de apócrifa.

Tras un vano intento en 1999 de Richard Hatch (el Apollo de la serie original) por recuperar la franquicia, y tratando de otorgarle un tono más serio en Battlestar Galactica: The second coming mediante un trailer como avance de lo que podría haber llegado a ser la verdadera secuela de Battlestar Galactica, no fue hasta el año 2003 en que Ronald D. Moore nos ofreció un remake, reinventando todo lo creado anteriormente, y empezando de cero partiendo de la misma premisa original.


Battlestar Galactica (2003) empezó como una excelente miniserie de tres horas de duración, a la que le siguió una también fantástica serie regular de cuatro temporadas redondas, con películas entre temporadas y mini-episodios para internet incluidos.

El parecido con la serie original era puramente anecdótico. Estaba la nave Galactica, estaban Apollo y Starbuck (este último ahora interpretado por una mujer, pero conservando la misma personalidad), también el comandante Adama, los cylones, y hasta el traidor Baltar, pero todo era distinto. El tono era mucho más oscuro y siniestro, y notablemente más dramático. Ahora la tensión era constante, y la lucha por la supervivencia era verdaderamente dura y despiadada.

Ni la música, ni la fotografía, ni la dirección tenían algo que ver con el original. El estilo era claramente superior y acertado para lo que Ronald D. Moore tenía en mente.


Después de haber visto la obra completa y pudiendo valorar el conjunto, puedo decir que la nueva Galactica es ciencia-ficción pura, dura e inteligente, dotada de un espíritu de heroísmo y sacrificio intachable donde, al final, todo se resume en la supervivencia, tanto de humanos como de máquinas.

Todos quieren seguir existiendo, como anhelaba el Nexus 6 interpretado por Rutger Hauer en Blade Runner con su frase sentencia: “Quiero vivir más, padre”, y de la cual aquí hay ecos en los nuevos cylones con aspecto humano, que bien podrían pasar por los replicantes de aquella película.

Estos nuevos cylones dan tanto juego que provocan una gran tensión entre la tripulación cuando se descubre la infiltración de varias de estas “tostadoras” andantes, generando desconfianza y paranoia entre la tripulación, como ocurría en La cosa de John Carpenter, de manera que tenemos conspiraciones, tanto de los cylones infiltrados como de los propios humanos intentando hacerse con el poder.


No hay maniqueísmo en la nueva Galáctica,ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos (sin quitarles mérito a su maldad, puesto que aniquilan a casi la totalidad de la población de doce colonias planetarias).

Un claro ejemplo lo tenemos en uno de los más grandes personajes de la serie, el Doctor Gaius Baltar (interpretado por James Callis), porque mientras que en la serie antigua era un hombre malvado y un traidor a conciencia que tan sólo ambicionaba el poder, aquí Baltar es un personaje complejo, que tan sólo trata de sobrevivir entre todo el caos en el que se encuentra, aliándose con quien mejor le convenga en el momento más oportuno, y que tiene visiones de una cylon con aspecto humano (Seis, interpretada por Tricia Helfer), rubia, bellísima y exuberante, con la que discute lo que ocurre a su alrededor, otorgando a los momentos entre ambos unas ciertas dosis de humor debido a lo surrealista de la situación. Y a fe que sobrevive este pobre diablo con suerte…

Además del tono militar, la serie gira en torno a temas religiosos, políticos y por supuesto metafísicos.


Los humanos de las colonias rinden culto a los dioses de Kobol, siguen las profecías que pueden llevarles a la Tierra, mientras que los cylones no sólo toman consciencia de sí mismos, sino que además creen en un dios único y verdadero, en contraste con los dioses de Kobol. Se rebelan contra sus creadores humanos, conscientes de que la única vía para vivir en paz pasa por su total exterminio.


Para ver la cabecera de inicio haz click aquí


En busca de analogías:

Solaris (1972), de Andrei Tarkovksy
Blade Runner (1982), de Ridley Scott
Starship troopers: Las brigadas del espacio (1997), de Paul Verhoeven
Neon Genesis Evangelion (1995) (TV), de Hideaki Anno
Firefly (2002) (TV), de Joss Whedon
Yo, robot (2004), de Alex Proyas
Terminator Salvation (2009), de McG


Artículo de David Tarrazona

24 de enero de 2010

Apreciar la vida y aceptar la muerte




Una serie basada en el día a día de una funeraria es algo bastante curioso y poco habitual. Si además sabes que detrás está la HBO, y que ha recibido tan buenas críticas, pinta, cuanto menos, interesante.

Creada por Alan Ball (guionista de American Beauty y creador de True Blood), y protagonizada por Peter Krause (The Lost Room) y Michael C. Hall (Dexter), entre otros, consta de cinco temporadas inolvidables y redondas, que sin duda, dejarán huella una vez las hayamos acabado de ver.

El eje argumental de cada episodio se centra en los preparativos del funeral de un personaje que muere en los primeros minutos, y de cómo la familia Fisher, que lleva el negocio de una funeraria, ayuda a la familia del fallecido a sobrellevar su pérdida y a prepararle una despedida digna, ya sea desde los mejores servicios de su embalsamador, hasta la utilización del ataúd más adecuado.

Pero eso es sólo una excusa, porque la mayoría de las veces ese tema queda absolutamente en segundo lugar, centrándose cada capítulo en las inquietudes de los personajes y en el día a día de la familia Fisher.



Puedo asegurar que tras terminar de ver la quinta y última temporada nada volverá a ser igual. Uno se queda en una especie de estado de shock, y totalmente emocionado ante el grandioso momento en la historia de la televisión que acaba de experimentar, porque seguir una serie de este calibre es como una convivencia familiar, ya que durante todas sus temporadas vamos empatizando de manera extraordinaria con estos personajes tan dispares.

Los personajes están tan bien definidos que llegas a comprenderlos, a aceptar sus virtudes y sus defectos, porque son humanos, están dotados de alma, y están escritos desde el corazón. Nos sentimos tan próximos a ellos como lo hacemos con la gente en nuestras vidas diarias, y se podría decir que son como unos vecinos a los que has llegado a apreciar de verdad.

A dos metros bajo tierra es una serie que te ayuda apreciar la vida.


Puedo decir honestamente que la serie me ha dejado un mensaje muy positivo y que me hace pensar que hay que valorar más la vida que tenemos.
Está plagada de momentos memorables, de grandes interpretaciones, y de diálogos y situaciones totalmente reales.

La banda sonora tiene una excelente selección musical, que utiliza desde la partitura original de Richard Marvin hasta las canciones más conocidas y apropiadas.

Hay demasiadas anécdotas que podría recordar, pero destaco los sueños-fantasías de los personajes y las conversaciones ficticias que mantienen con la gente que ha muerto. Fantasías que ayudan a la necesidad de creer que hay algo más después de la muerte, y que aunque nuestros seres queridos se mueran, nunca nos abandonarán del todo.

El torrente de emociones que se llega a sentir en los últimos episodios después de haber convivido con los Fisher durante cinco temporadas es algo que no tiene precio.

He sentido tal cantidad de alegría y tristeza a la vez que no me podía contener.

El tramo final de la última temporada es algo nunca antes visto en televisión, porque es el final más emotivo, redondo, y precioso que ha cerrado nunca un producto televisivo.

Aunque se emita por la televisión y tenga, por lo tanto, el formato de la pequeña pantalla, esto es puro CINE con mayúsculas.

Alan Ball ha creado algo magistral.

Nate (gran Peter Krause), David, Claire, Ruth, Nathaniel Sr., Rico, Keith, Brenda, Billy, Maya, Lisa, y un largo etcétera, ¡GRACIAS!

También te gustarán:


Doctor en Alaska, 1990 (TV)
American Beauty, 1999, de Sam Mendes
Los Soprano, 1999 (TV)
Mujeres desesperadas, 2004 (TV)
Criando Malvas, 2007 (TV)


Artículo de David Tarrazona

4 de enero de 2010

TV: Las Aventuras de Brisco County Jr.



¡Western, ciencia-ficción, humor, aventura, romance!

Ésto es lo que ofrece la simpática serie Las aventuras de Brisco County Jr. protagonizada por Bruce Campbell, actor fetiche del director Sam Raimi y protagonista de la trilogía Evil Dead , la interesante Bubba Ho-Tep e interminables films con un marcadísimo corte de serie B.

La serie nos presenta a un cazarrecompensas del viejo oeste, Brisco County, Jr, al que contratan para detener a una serie de criminales fugados, todos ellos cómplices en la muerte de su padre, un reputado sheriff que les daba caza y captura.

Esa es la historia principal, en la línea de las series clásicas del western como la mítica The Wild Wild West de los 60 o algunas revistas de caracter Pulp como Amazing Stories o Weird Tales ( que ya fueron fuente de inspiración para Spielberg y Lucas a la hora de desarrollar el personaje de Indiana Jones).




La mayoría de los episodios se corresponden con la persecución de la banda de John Bly, el jefe de los fugados y artÌfice de múltiples asaltos y diversos actos de vandalismo relacionados con la búsqueda de una esfera misteriosa que aparece introduciendo la ciencia-ficción (recordemos, literatura de anticipación) en el corazón del western.

Destaca el sentido del humor, pues la serie no se toma demasiado en serio a sí misma, y las situaciones surrealistas se repiten a lo largo de los episodios, dándole una frescura envidiable y digna de los clásicos seriales de radio.

Sería interesante comentar la relación entre Brisco y su caballo Comet, con quien habla como con cualquier otra persona, o la amistad que va desarrollándose con el abogado que le acompaña, Socrates Poole, o con el cazarrecompensas rival con el que poco a poco irá trabando también una gran amistad, Lord Boler.

Un excéntrico personaje (mantiene una especie de relación fálica con su revólver, al que llama "mi instrumento") que destaca sobremanera es Pete, uno de los miembros de la banda de John Bly, que sólo busca su propio beneficio y que pese a ser un canalla se va convirtiendo en un personaje entrañable. Prácticamente se podrÌa decir que muere en todos los episodios para luego reaparecer milagrosamente exagerando siempre acerca de su muerte.

Una serie cerrada de 27 episodios (TVE la emitió en su momento con más pena que gloria) que hará las delicias de los amantes de la narrativa más Pulp.

Si te gustó Las aventuras de Brisco County Jr.

The Wild Wild West
, 1965
En Busca del Arca Perdida,1981
Regreso al futuro, 1985
La Liga de los Hombres Extraordinarios, 2003


Artículo de
David Tarrazona