Mostrando entradas con la etiqueta monografico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta monografico. Mostrar todas las entradas

22 de marzo de 2010

El arte de Jonathan Glazer




¿Quién es Jonathan Glazer?

Londinense de nacimiento sin duda es uno de los personajes, junto a Spike Jonze, Chris Cunningham y Michel Gondry, responsables de algunos de los cambios más considerables de la historia reciente del mundo audiovisual. Todos ellos revolucionaron el mundo del videoclip y de la publicidad, aportando claves importantísimas que el incipiente cine posmoderno se encargaría de incluir en su nueva estructura. Es imposible entender la evolución del cine posmoderno sin antes detenerse en el trabajo de estos genios de la imagen.

No se puede obviar la gran influencia del gran Stanley Kubrick en buena parte de la obra de Jonathan Glazer. Evidentes son las referencias de El resplandor en el video Karmacoma, de Massive Attack, de La Naranja Mecánica en The universal, de Blur, de Barry Lyndon en el spot de Levi's Odyssey (recordais esa pareja corriendo y atravesando paredes al ritmo de los acordes de Haendel), de 2001, una odisea en el espacio en el Virtual Insanity de Jamiroquai y en el anuncio Paint para Sony Bravia ( 70.000 litros de pintura al son del vals) o la presencia de Eyes Wide Shut en su segunda película Birth (Reencarnación).


Si algo caracteriza la obra de Glazer es la continua sensación de intranquilidad, la presencia, a menudo a nivel del subconsciente, del mal, de lo bizarro en ambientes terriblemente familiares. Prueba de ello son los sentimientos despertados en algunos de sus mejores videos musicales, como los geniales Street Spirit ( donde experimentó con la velocidad selectiva del frame) o Karma Police, de Radiohead , en el incómodo y fascinante Rabbit in your headlight, de UNKLE, el inquietante Live with me, de Massive Attack o el inocente pero brillantemente perturbador Song for the lovers, de Richard Ashcroft, que es capaz de generar suspense sin más medios que una habitación de hotel y el uso inteligente del espacio dentro y fuera de campo.

Tanto como director de videoclips, como director de spots publicitario, fue reconocido con importantes premios ( Silver, MVPA, Gold) y algunos de sus anuncios, especialmente el Surfer para Guinness fue considerado por el Channel 4 inglés ( patrocinado por The Sunday Times) como el mejor spot de la historia de la televisión. Desde luego el anuncio no tiene desperdicio.



Tras el reconocimiento le llegó la posibilidad de iniciarse en lo que desde un principio buscaba, dirigir un largometraje. Empezó su aventura con Sexy Beast, una discreta película de gansters londinenses que contó con la presencia de Ben Kingsley y Ray Winstone. La película fue seleccionada en el festival de Sundance y en San Sebastián. En ella se puede apreciar su marca de autor, estilo que desarrollaría mucho más profundamente en su segunda película, Birth.


La película pasó ciertamente desapercibida, pese a contar con la presencia de una Nicole Kidman con el mismo corte de pelo que Mia Farrow en Rosemary’s Baby (La semilla del diablo). No sólo comparte el peinado con la cinta de Polansky, sino también la ciudad, Nueva York, y el estilo visual de la generación de los moteros tranquilos y los toros salvajes. Al igual que en Eyes Wide Shut, una familia de clase alta neoyorkina se encuentra con un elemento que desajusta su realidad. En este caso un niño que afirma ser la reencarnación del difunto marido de la protagonista. Glazer, en un deliberado ejercicio de estilo, intenta por momentos con gran éxito, imitar al maestro Kubrick con la utilización de largos planos secuencia, expresivos travellings y planos abiertos o algunos primeros planos que cuentan más que películas enteras, como el larguísimo ( dos minutos) primer plano de Nicole Kidman en la butaca de la opera. La película es muy interesante, arriesgada, como toda la obra de Jonathan Glazer, que toca un tema peliagudo y dificil de tratar por lo inverosimil que resulta a una buena parte de la población. Lástima que el desenlace de la película, sea menos explosivo de los deseable. Una última curiosidad, uno de los co-autores del guión es Jean Claude Carriere, responsable de los textos de algunas obras maestras de nuestro Luis Buñuel como Belle de Jour, El discreto encanto de la burguesía o Ese oscuro objeto del deseo.


Imprescindible hacerse con el (brillante iniciativa) dvd recopilatorio Work of director: Jonathan Glazer, también disponible de otros interesantes directores de videoclips como los citados Jonze, Gondry, Cunningham u otros como Mark Romanek, Anton Corbijn y Stephane Sednaoui.

Disfruta de:

Videoclips

Street Spirit, de Radiohead
A song for the lovers, de Richard Ashcroft
Virtual Insanity, de Jamiroquai
Karmacoma, de Massive Attack
Karma Police, de Radiohead
Live with me, de Massive Attack

Spots

Surfer, para Guinness
Odyssey, para Levi's
Paint, para Sony
Dreamer, para Guinness
Kung-fu, para Levi's
The last wishes of a Dying man, para Stella Artois

Artículo de David Boscá

12 de febrero de 2010

La música de película lleva nombre de Morricone




Parece mentira, que un compositor que lleva mas de quinientos trabajos en su haber y que sus obras preceden en muchos casos, a las películas a las que pertenecen… Sólo le hayan dado un Oscar honorífico en el 2006, después de cinco nominaciones ( Malena, 2000; The Mission,1986; Bugsy, 1991; The Untouchables, 1987; Days in Heaven 1978). Parece incomprensible que alguien con tal talento le suceda algo así. Pero también le ocurrió a Hitchcock homenajeado con el premio Irving Thalverg (Un reconocimiento que se concede en al ceremonia de los Oscars para destacables de la producción cinematográfica). Así que desde estas premisas, entiendo que los Oscars castigan a los genios y como premio cinematográfico obedece a intereses de otra índole y no hacen mas que reafirmar mi convicción y la falta de fe que tengo en estos galardones. Son tantas películas las que forman parte de nuestras vidas y del imaginario colectivo, y tantas que no han sido reconocidas… Pero los Oscars, como tantos otros premios, son pasarelas y modelitos propios del espectáculo televisivo, del papel cuché y no del arte cinematográfico. Por tanto no hace honor a su verdadero menester.


Bueno volviendo a Ennio que es de quien trata este artículo… Romano de nacimiento, comenzó a introducir emociones en el cine en los años sesenta y desde entonces sigue en activo a la edad de 81 años. Es por tanto, un hombre nacido para el cine y un profeta de la música.
Las composiciones musicales que todos identificamos como el Spaghetti western (Yo lo llamo Paella Western ya que fueron rodadas en España), llevan su nombre como la llamada Trilogía del Dollar: Per un pugno di dollari (Por un puñado de dólares), Il buono, il brutto il cattivo (El bueno, el feo y el malo), Per qualche dollari in più (La muerte tenía un precio). Pero particularmente y como cresta del género… C’era una volta in west (Hasta que llegó su hora) con su fantástico tema: “The man with the harmonica”. Todas ellas, obras firmadas por Sergio Leone quien junto a Morricone trabajaría en casi todos sus largometrajes.

Este genial compositor, encuentra musas fuera de la ortodoxia instrumental o fuera de las tradicionales orquestas. Entendemos que justifica estos instrumentos atípicos con la historia y la trama. Como por ejemplo en “una de vaqueros” como Il bouno, il brutto, il cattivo, donde se interpretan: tambores, silbidos, una harmónica un flauta india, coros, una orquesta e incluso ¡una guitarra eléctrica!(algo que semióticamente se entiende como un invento propiamente americano)!. Todos estos instrumentos hacen alguna alusión al mundo del salvaje oeste o a los Estados Unidos en alguna de sus formas. Sin embargo, Morricone los fusiona y marca su propio estilo.


En el caso de la música de The Mission, sucede lo mismo. Por ejemplo en el tema de “On Earth as it is in heaven”. Tímbales, un coro y un clavicordio al más puro estilo neoclásico, el oboe de Gabriel (uno de los personajes de la historia), etc. Todos estos sonidos te están hablando implícitamente al oído y te dicen cual es su papel y qué pintan en la película.
Aunque obviamente marcó un precedente para sus colegas, su obra no se reduce sólo a la experimentación instrumental, y su justificación con la historia, ya que va mucho más allá. ¿Quién no ha escuchado alguna vez las melodías de Cinema Paradiso, Unce upon in America (Érase una vez en America), The Untouchables (Los intocables), Lolita (La adaptación de Adrian Lyne 1998), Ripley’s game (El juego de Ripley)? En las melodías juega con la emoción, la nostalgia, la tristeza, la alegría, la ensoñación que crean los instrumentos junto con los compases, ritmos y notas. No hay nada de nuevo en ello, ya que es lo que han hecho todos los compositores del cine, pero Morricone tiene el don de los japoneses… Lo asimila y lo mejora porque si cambia un solo compás, ritmo o alguna nota de las melodías de las películas anteriormente nombradas, la producción entera bajarían un peldaño de calidad aunque sea difícil de creer.


Me atrevo a decir que los grandes directores del cine han tenido la suerte de trabajar con él y viceversa, como: Pier Paolo Pasolini, Federico Fellini, Giuseppe Tornatore, Sergio Leone, Lucchino Visconti, Gilo Pontecorvo, Vittorio De Sica, Bernardo Bertolucci, Marco Bellochio, Tinto Brass, John Huston, Buñuel, John Carpenter, Brian de Palma, Oliver Stone y Quentin Tarantino entre otros.
Desde aquí quiero rendir homenaje a un compositor que me emociona particularmente y supongo que colectivamente porque gracias a él sigo admirando el cine como un niño: como arte… como magia.

Escucha Cinema Paradiso aquí


Artículo de Pepo Ruiz

2 de febrero de 2010

El cine de animación de Bruno Bozzetto




Los años 60 fueron unos años magníficos para la cultura y el arte en general, y para la animación en particular. Mientras en Estados Unidos Walt Disney nos regalaba tres joyas de la animación universal, 101 Dálmatas (1961), Merlín el encantador (1963) y El libro de la selva (1967), y el dueto Hanna-Barbera hacía historia en el mundo de la televisión animada, en Europa se experimentaban interesantes propuestas como el Yellow Submarine (1968) de George Dunning o los cortometrajes de Jan Švankmajer, que influenciarían a tantos cineastas posteriores.

Uno de los grandes genios vivos de la animación europea, es sin duda el italiano Bruno Bozzetto, muy conocido en Italia especialmente por su personaje más famoso, el señor Rossi.



Además de los numerosísimos cortometrajes, que arrancan en el año 58, la mayoría de ellos en artesana animación tradicional pero sin descuidar los nuevos formatos, siendo uno de los pioneros de la animación con Flash en Europa, dejó para la historia tres fantásticas películas, que para muchos de nosotros forman parte de nuestra infancia: West and Soda ( o Johnny y Clementina en el Oeste, 1965), Vip, il mio fratello superuomo ( o Mi hermano el Vip, 1968) y la galardonada Allegro non troppo (No demasiado alegre, 1977).

La primera, West and Soda, es un claro homenaje al spaguetti western, tanto en la forma como en el fondo, impregnada de ese humor tan característico de Bozzetto (a veces políticamente incorrecto) que, a menudo, juega con el sonido, tamaño y la sencillez del motivo en el plano (tan característico del animador en trabajos posteriores) para sacarnos alguna que otra sonrisa.



La siguiente película, Mi hermano el Vip, mucho más compleja que la anterior, hacía un guiño en este caso al cine de superhéroes, tan recurrente en los años 60, y de paso, servía de excusa para analizar el creciente capitalismo en la sociedad italiana, el consumismo y el poder de la publicidad ( la antagonista, Happy Betty, dueña de una cadena de supermercados, fabrica unos misiles cerebrales para convertir al resto de la humanidad en autómatas que consumirían sus productos).


Por último, Allegro non troppo, posiblemente su mejor película, y al igual que Fantasía, de Walt Disney, utiliza la música clásica como hilo conductor de varias piezas animadas que hablan sobre la deshumanización, la soledad o la excesiva urbanización. Los segmentos de animación ( intercaladas con live action), incluyen música de Debussy, Dvorak, Ravel, Sibelius, Vivaldi y Stravinsky.


Las películas:

West and soda, 1965
Vip, mio fratello superuomo, 1968
Allegro non troppo, 1977

Artículo de David Boscá

24 de enero de 2010

El vampiro en el cine III: Mordiscos europeos




Era lógico pensar que en Europa, el continente donde el mito vampírico había desarrollado una marcadísima identidad propia, se hubieran producido un buen número del películas de género interesantes. Al igual que ha ocurrido a lo largo de la historia del cine, el cine europeo de vampiros también ofrecerá un valor añadido que lo distinguirá radicalmente del cine más comercial de Hollywood.

En Francia, encontramos la figura de Jean Rollin, director que llevará al límite el terror erótico ( no en vano fue uno de los pioneros del cine X francés) con producciones como Desnuda entre las tumbas (1970), El amanecer de los vampiros (1971), Vierges et vampires (1971) o la polémica Levres de sang (1975) que contó con una versión calificada X para intentar amortizar el gasto de la película. Aparte de Jean Rollin, se podría destacar también Sangre y rosas (1960) de Roger Vadim, El tierno Drácula (1974) de Pierre Grunstein (con Peter Cushing) más cerca de la comedia subida de tono o una revisitación del género en Baby Blood (1990) de Alain Robak.



El cine italiano, también aportará su granito de arena al género especialmente con la figura de dos realizadores, Antonio Margheriti y Mario Bava, con películas como La máscara del demonio, (1960) Las tres caras del miedo (1963), La danza Macabra (1963) o I lunghi capelli della Morte (1964). También interesantes La sorella di Satana (1965), de Michael Reeves, La maldición de los Karnstein (1963), de Camillo Mastrocinque y protagonizada por Christopher Lee, o una de las últimas producciones, la discreta adaptación televisiva de la novela de Stoker Il Bacio di Dracula (2002), de Robert Young.


España, por supuesto también tocó el género vampírico, al igual que el país vecino, también uniría vampirismo con erotismo, especialmente en las producciones de Jesús Franco como Vampiros Lesbos (1971) o La hija de Drácula (1972), pero lo que no sabe o recuerda mucha gente es que directores muy conocidos como Vicente Aranda o Jorge Grau, también firmaron alguna película del género como La novia ensangrentada ( 1972) o Ceremonia sangrienta (1973), basada una vez más en la vida de la condesa Bathory.
El desaparecido Paul Naschy también daría vida a algún personaje en producciones como La noche de Walpurgis, de León Klimovsky.

En el resto de Europa, encontramos películas belgas como La Fée sanguinaire (1968), de Roland Lethem, La sadique aux dents rouges (1970), de Jean-Louis Van Belle o El rojo en los labios (1971), de Harry Kumel (adivinad sobre quién… Bathory), películas alemanas como los Nosferatu de Murnau (1922) y de Herzog (1979) o Jonathan (1970) de Hans W. Geissendorfer, rusas como la trilogía iniciada por Guardianes de la noche (2004), del tildado director visionario Timur Bekmambetov o una divertida, interesante, y reciente, co-producción británica y rumana, Strigoi (2008), sobre un pueblo rumano que se enfrenta a un brote vampírico encabezado por el rico terrateniente local.


Me dejo para el final el caso de Suecia, que en los últimos años nos ha regalado una visión del cine de género interesantísima, con dos películas: Frosbitten (2006), traducida por algún listo como 30 días de noche, de Anders Banke, con un hilo argumental muy similar al cómic de Niles y Templesmith, y por supuesto, el que seguro se convertirá en un film de culto, Déjame entrar (2008) de Tomas Alfredson, que adapta la novela homónima de John Ajvide Lindqvist.



Artículo de David Boscá

16 de enero de 2010

El vampiro en el cine II: De The Last Man on Earth a Luna Nueva




A diferencia de la etapa anterior, claramente dividida en ciclos marcados por el trabajo de dos grandes estudios, Universal y la Hammer, en este periodo no resulta tan sencillo establecer nexos comunes entre las numerosas producciones vampíricas.

La adaptación, tanto de la novela como del cómic es una vez más la principal fuente de inspiración para la elaboración del relato cinematográfico. Dos novelas acapararán un buen número de producciones, por una parte, la eterna Drácula de Bram Stoker, que derivará en películas como el remake de W. Herzog al Nosferatu de Murnau (1979), el desconocido pero interesante Drácula de John Badham (1979), la versión oficial de la novela a manos de Coppola, Drácula de Bram Stoker (1992), la parodia a las películas del género a manos de Mel Brooks con su Dracula: Dead and loving it (1995) u otras versiones muchísimo más libres y poco interesantes como Drácula 2000, de P. Lussier, J. Musker o Van Helsing (2004), fallido spin-off cinematográfico basado en el personaje de la novela de Stoker.


Por otra parte la interesantísima novela Soy leyenda del genial Richard Matheson, que al menos cuenta con cuatro adaptaciones: The last man on earth (1964), de S. Salkow y U. Ragona, protagonizada por Vincent Price, El último hombre vivo (1971), de Boris Sagal (con mutantes albinos en lugar de vampiros), Soy leyenda (2007) de Francis Lawrence y su lamentable copia de bajo presupuesto Soy Omega (2007) de G. Furst.

No podemos olvidar otras adaptaciones como la cautivadora Entrevista con el Vampiro (1994) de Neil Jordan, en este caso de la novela de Anne Rice, a la que siguió La reina de los condenados (2002), de Michael Rymer, ni por supuesto la saga crepuscular de Stephanie Meyer, que ya cuenta con dos adaptaciones Crépusculo (2008), de Catherine Hardwicke y Luna nueva (2009) de Chris Weitz con fotografía a manos de Javier Aguirresarobe.



El cómic, tan fructífero en el cine de superhéroes, también aportó su granito de arena al género vampírico con películas como Blade (1998) de Stephen Norrington, adaptando al personaje de la Marvel hasta en tres ocasiones ( Blade 2, de Guillermo del Toro, 2002 y Blade Trinity, de David S. Goyer, 2004) o la reciente 30 días de noche (2007) de David Slade, basado en la seductora novela gráfica de Steve Niles y Ben Templesmith.

Sería imposible citar todas las producciones de los últimos años, pero no se pueden pasar por alto filmes como Martin, de George A. Romero (1977), El Ansia, de Tony Scott (1983), la entretenida Noche de miedo, de Tom Holland (1985), Vamp, de Richard Wenk (1986), Jóvenes Ocultos, de Joel Schumacher (1987), Abierto hasta el amanecer, del tándem Tarantino-Rodríguez (1995), Vampiros de John Carpenter (1998), la interesante La sombra del Vampiro, de E. Elias Merhige (2000), un “what if” sobre la posibilidad de que Max Schreck (protagonista de Nosferatu) fuera realmente un vampiro o la saga Underworld convertida, hasta el momento, en trilogía.

La semana que viene El vampiro en el cine III: mordiscos europeos.


Sólo para los más frikis:

Fuerza Vital, 1985, de Tobe Hooper
Jesucristo Cazavampiros,de Lee Demarbre, 2001
Drácula 3000,de Darrell James Roodt, 2004


Artículo de
David Boscá

12 de enero de 2010

El vampiro en el cine I : de Nosferatu a Vampyros Lesbos




¿Qué es un vampiro?

No resulta fácil la tarea de construir una definición que determine con exactitud las características de esta palabra con orígenes tan dispares. A diferencia de lo que se cree, el vampiro, o el mito del vampirismo, no sólo lo encontramos en la cultura eslava y de centro europa ( como bien se ha encargado el cine de recordarnos) si no que ya encontramos rastros del vampirismo en épocas mucho más pretéritas y en todo tipo de culturas, pero siempre como un portador de enfermedad y destructor de la vida (la sangre, siempre asociada a la vida). Hay señales de vampirismo en leyendas sumerias, mesopotámicas, egipcias, chinas, japonesas o americanas, por citar algunos ejemplos.

No cabe duda que el debut cinematográfico del vampiro en el cine se produjo con la espeluznante Nosferatu de Murnau en 1922, aunque es posible que exista algún precedente en obras del cine mudo como la producciones El secreto de la casa número 5 (1912) o The Vampire (1913).


El cine nunca ha dejado de lado la figura del vampiro en cualquiera de sus formas: el asesino vampírico ( M, El vampiro de Dusserdorf, 1931,de Fritz Lang), el vampiro psíquico (Intacto,2001, de Juan Carlos Fresnadillo) o el vampiro con origen histórico ( La condesa Drácula, 1971,de Peter Sasdy, basada en Elizabeth Battory, que se bañaba en la sangre de doncellas para intentar retrasar su vejez).

La Universal recogió el testigo de Murnau y creó la imagen del vampiro que perdura en nuestro imaginario, el irresistible seductor de la noche que vestía de etiqueta, encarnado (nunca mejor dicho) por Bela Lugosi en su Drácula de 1931.



Tras un periplo de películas más o menos afortunadas como la incomprendida en su tiempo Vampyr de Dreyer (1932), La hija de Drácula (1936), El hijo de Drácula (también de la Universal pero esta vez interpretada por Lon Chaney Jr.), llegaron algunas entrañables películas corales como La zíngara y los monstruos,1944 o La mansión de Drácula 1945,novelas como Asylum con los primeros vampiros venidos del espacio e incluso parodias ( Abbot y Costello contra los fantasmas,1948) que únicamente consiguieron que el público perdiera el interés por el personaje. Tras unos años de mediocridades se recuperaría, y de que manera, con la llegada de una productora inglesa que aterrorizaría a todo el mundo como nadie había hecho hasta entonces.

La Hammer ( con merecidísimo origen español), utilizó el Technicolor tan popular en la década de los 50 para mostrar la sangre más roja de la historia del cine. Inauguró su festival de producciones con Drácula (1958), Drácula, el príncipe de las tinieblas ( 1966, ambas de Terence Fisher), Drácula vuelve de la tumba, Las cicatrices de Drácula (producidas las dos en 1970) y otras películas con gran dosis de erótismo como Las novias de Drácula (1960), Los amantes vampiros (1970), Drácula y las mellizas (1971) o la citada La condesa Drácula (1971).

En 1967, Roman Polansky homenajearía de forma soberbia todo este universo Hammer en su divertida El baile de los Vampiros, protagonizada por él mismo y su fallecida esposa Sharon Tate.


Por supuesto sería muy injusto pasar por alto la figura de Jesús Franco, reconocido hace muy poco en los premios Goya, que a lo largo de su extensísima filmografía trató el tema del vampirismo, algo más subido de tono si cabe. Algunas de sus películas, El Conde Drácula ( 1969), Las Vampiras (Vampyre Lesbos, 1970) o Drácula contra Frankenstein (1971).

Las imprescindibles:

Nosferatu, 1922, de F.W. Murnau
Drácula, 1931, de Todd Browning
Vampyr, 1932, Carl T. Dreyer
La zíngara y los monstruos, 1944, de Erle C. Kenton
Drácula, 1958, de Terence Fisher
Las novias de Drácula, 1960, de Terence Fisher
Vampyros Lesbos, 1970, Jesús Franco


Artículo de David Boscá