

La historia transcurre en 1967 y se centra en Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg), un profesor de física del medio-oeste americano que ve cómo su vida comienza a derrumbarse. Larry es un hombre bueno; un marido fiel y afectuoso, un padre entregado y un profesor serio, siempre justo y correcto, a pesar de las tentaciones diarias que le acechan. Pero un buen día, todo empieza a ir mal. Su mujer le deja sin explicarle realmente por qué, y su insoportable amante (de ella) convence a Larry de que debe dejar el domicilio conyugal por el bien de los niños y mudarse a un motel. De pronto, la carrera de Larry se ve amenazada por una serie de anónimos en los que le acusan de traiciones sin concretar nada. A pesar de tantas desgracias, es imposible no reírse de la mala suerte de Larry en un mundo que quizá nos sea demasiado familiar...
(FILMAFFINITY)
Tras el surrealismo de su última película, Burn After Reading, los Coen vuelven con una obra maestra, eso sí, dentro del estilo y la dinámica que están llevando en sus últimas películas. La historia que nos cuentan en A Serious Man, tiene mucho de comedia absurda, de tragedia griega, y todo con unas referencias kafkianas sobre el sentido de la vida y el peso de la religión. Como se observa unos temas profundos que cualquier otro director hubiera convertido en una tragedia, o en una comedia disparatada, sin embargo los Coen logran una combinación perfecta entre estos elementos y consiguen parir una obra magistralmente personal.

Del nuevo film de los Coen me gustaría destacar cuatro aspectos. El guión en primer lugar. No estamos acostumbrados a ver este tipo de historias, ya que necesitamos pensar en ellas, meditarlas y luego verlas de nuevo. Es en el segundo visionado cuando atamos cabos, cuando vivimos en la piel de Larry, todo un héroe. En segundo lugar me gustaría remarcar el trabajo de los actores, sobre todo el de Michael Stuhlbarg, quien apenas a trabajado en televisión y cine. Aquí reside un pilar de la película, ya que al trabajar con actores poco conocidos nos involucramos más en film. En tercer lugar destacaría el trabajo de fotografía de Roger Deakins (Revolutionary Road, Big Lebowsky, Kundun) por la luz y los encuadres que utiliza, dándole a la película una estilo muy de acorde con el guión. Y por último, comentar la banda sonora de Carter Burdwell (In Brugues, Adaptation, Three Kings), con unas piezas desconcertantes pero que sin embargo dejan ver algo de claridad en sus notas.

Artículo de Rubén Soler
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